Se trata de una propuesta que busca competir contra la omnipresencia de la cerveza en las calles y demostrar que cualquier vino es compatible con la cultura "foodtruck".
Así lo reveló una encuesta realizada por el Instituto de Desarrollo Comercial del Ministerio de Economía. El sondeo también arrojó que 6 de cada 10 encuestados comprarían en la siesta.