La invención de científicos argentinos permite desinfectar más de cien tapabocas por hora. Es un aporte crucial para el sistema de salud, pero también para la economía y el medio ambiente.
Si bien los juguetes son la mayor alegría para los niños, las Madres Luchadoras piden alimentos para poder seguir abriendo sus puertas y alimentar a los niños y las niñas más vulnerables.