La universidad no siempre fue gratuita en nuestro país y 2024 no es el primer año que estudiantes resisten un ajuste. Por eso armamos una línea de tiempo con los hechos más destacados de la participación política de este sector, que desde 1918 se organiza para sostener una educación de calidad en una institución democrática.
Octavio Stacchiola, doctor en Ciencias Sociales y docente de la FCPyS de la UNCUYO, dio su visión para analizar cómo las y los estudiantes están “copando la escena” en un año lleno de manifestaciones para defender la educación pública y reclamar por un presupuesto universitario adecuado.
Las tomas de las facultades y universidades no son algo nuevo, son el repertorio histórico del movimiento estudiantil. Unas veces a la defensiva y disperso, otras veces a la ofensiva y de manera organizada, el estudiantado ha sido reflejo de la coyuntura en cada momento y ha reaccionado a los ataques a la educación.
El Frente Democratizador Universitario triunfó en las elecciones internas del principal gremio estudiantil de la provincia. Además, se aprobó el referéndum para reformar el estatuto de la Federación Universitaria de Cuyo con vistas a la elección directa de autoridades, entre otros puntos tendientes a profundizar la representatividad de los estudiantes.
La UNCUYO fue escenario
del debate sobre las políticas de educación universitaria en ambos países. Dos
modelos opuestos que, pese a los avances argentinos, se unen en un punto: la
necesidad de igualar el acceso educativo a los sectores populares. Además, la
experiencia del movimiento estudiantil chileno que hizo trascender su reclamo
sobre el “fin del lucro” hacia cuestionamientos más amplios y profundos del
devenir social, político y económico signado por los resabios del pinochetismo.
Tras la presentación en Godoy Cruz de su libro sobre la trayectoria histórica de la Franja Morada, la periodista Mónica Beltrán dio pie a la reflexión sobre el desafío actual de la organización universitaria radical. En su análisis, la vigencia de esta alternativa política depende más de las preguntas que los militantes se hagan sobre el sentido de las luchas y el nuevo escenario político que del protagonismo central del kirchnerismo.