La cápsula, que no llevaba astronautas a bordo para este vuelo de prueba, reingresó en la atmósfera terrestre a una velocidad de 40.000 kilómetros por hora. El principal objetivo de la misión consistía en probar el escudo térmico de Orion, el más grande jamás construido.
Estuvo a menos de 130 kilómetros de su superficie y aprovechó su atracción gravitatoria para para impulsarse en su trayectoria de regreso. "No podríamos estar más satisfechos con el rendimiento de la nave", declaró Debbie Korth, subdirectora del Programa Orion. ¿El próximo objetivo?, transportar astronautas.