Los indignados neoyorquinos comenzaron sus acampadas el pasado 17 de septiembre con el objetivo de ocupar la bolsa de Wall Street, pero el gran despliegue policial frente a la sede bursátil reprimió ese avance y la mayoría del grupo permanece en el parque Zucotti y la plaza Libertad. Según fuentes policiales, prácticamente todos los detenidos fueron liberados al cierre de esta edición. No obstante, gran parte de los indignados tendrá que comparecer en menos de 30 días ante una Corte penal de Manhattan para responder a cargos por alteración del orden público y obstaculizar el tránsito en el puente.

Desde Twitter, ese grupo de protesta comparó las detenciones que la policía de Nueva York realizó el sábado, con las manifestaciones que en 1999 ocurrieron en la ciudad de Seattle (Washington) contra la globalización mundial y la Organización Mundial de Comercio (OMC). “Hubo más de 600 detenidos en las protestas de Seattle contra la OMC. La policía de Nueva York detuvo a más de 700 en cinco horas”, señalaron los indignados neoyorquinos en la red social, y pidieron a sus seguidores que no realizaran acciones violentas directas. Otro seguidor de la protesta, como Jason Pollock, señaló que este movimiento se puede considerar como parte del principio físico que enuncia que cada acción tiene su reacción. “Por años hemos visto a Wall Street dirigir el mundo”, dijo.
Tal como en Turquía, España, Grecia e Inglaterra, los indignados estadounidenses hartos del capitalismo salvaje que decide los destinos del mundo se cansaron del modelo económico global que se torna a cada instante más excluyente. El jueves próximo, en ocasión del décimo aniversario del comienzo de la guerra en Afganistán, los manifestantes tratarán de hacer escuchar su voz ante Barack Obama, culpable, a juicio de muchos de ellos, de haber traicionado las promesas de un cambio radical. Se espera para ese día una sentada en Freedom Plaza, lugar a mitad de camino entre la Casa Blanca y Capitol Hill.
Tal como dijo Karl Marx hace más de un siglo "los desposeídos tienen un mundo que ganar", al parecer las cosas no han cambiado tanto. En fin, con una percepción un tanto más esperanzadora, y siguiendo al mismo filósofo "los trabajadores no tienen nada que perder, salvo sus cadenas".