"Los árboles son esenciales; sin ellos, Mendoza sería invivible", señala a Unidiversidad Sergio Carrieri, el titular del Consejo Provincial de Defensa del Arbolado Público. Es que los árboles no sólo nos dan sombra en los calurosos veranos mendocinos. También disminuyen la temperatura ambiental, protegen contra los rayos utravioletas, fijan elementos contaminantes líquidos y gaseosos, aumentan la humedad, producen oxígeno, disminuyen la incidencia de vientos y su belleza redunda en una mejor calidad de vida y en divisas, ya que existe un retorno económico a través del turismo.
La vegetación, y en especial el árbol, es lo único que puede modificar el ambiente. Por todo esto, Carrieri destaca la importancia del mantenimiento de los árboles. "Es necesario considerarlos un cultivo. Actualmente no se hace", advierte, y –de paso– responsabiliza al Estado, tanto municipal como provincial.
Asimismo, cuenta que muchas ciudades están disminuyendo los impuestos a aquellos edificios que cuenten con terrazas verdes. Sin embargo, esto aún no sucede en Mendoza porque "hasta ahora se ha defendido bastante bien". Como muestra el "Mapa de la sombra" de abajo, la mayor parte de la Capital mendocina está cubierta de árboles, aunque no todas las zonas tienen la misma sombra y algunas –como el microcentro– sufren además de una excesiva presencia de cemento.
Carrieri, que es docente de la UNCUYO, ha investigado el “efecto isla de calor” producido por el incremento del cemento en las ciudades y su combinación con el calentamiento global, con incrementos de hasta 10ºC en la temperatura de algunas urbes. Es por esto que los organismos mundiales especializados recomiendan interceptar los rayos solares con vegetación antes de que lleguen a superficies duras y se transformen en calor. Las plantas reciben la energía solar y, a través de la transpiración, disipan la mayor parte del calor porque lo absorben con el agua de los tejidos y lo transforman en vapor.
“El arbolado de calles posee como función principal el aumento del confort humano en la ciudad. Mientras mayor porcentaje de calle y vereda sombree, mayores son los beneficios para vecinos y usuarios”, explica Carrieri, y aconseja: “No deberían admitirse proyectos o remodelaciones de espacios verdes públicos con una eficiencia ambiental inferior al 74 % para contrarrestar el efecto isla de calor y las consecuencias del calentamiento global”.