Por Nicolás Nicolli
Prender la luz, abrir la canilla o encender la hornalla de la cocina son acciones indispensables de la vida cotidiana. De modo automático e inconsciente, nunca nos ponemos a pensar qué hay detrás de tan simples movimientos.
La energía proviene de diversas fuentes, categorizadas en dos grupos principales: no renovables y renovables. Mientras que las primeras son limitadas y contaminan, las segundas brindan grandes beneficios al ambiente y son infinitas. Entre las renovables, se encuentran las energías solar, eólica, biomasa, mareomotriz e hidráulica, que están disponibles de acuerdo con la geografía de cada territorio.
Amílcar Barletta, secretario del Instituto de Energía (IDE) y docente de la Facultad de Ingeniería de la UNCUYO y de la regional Mendoza de la Universidad Tecnológica Nacional, explicó que las energías renovables son fuentes limpias que no producen daños al medio ambiente ni emiten gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. En comparación con los combustibles fósiles, como el petróleo o el carbón, son recursos naturales inagotables, con amplia diversidad, abundancia y disponibilidad.
El sol, fuente inagotable
Las características naturales de nuestra provincia la posicionan como un lugar propicio para el desarrollo de fuentes limpias, en especial para la energía solar, que obviamente tiene como protagonista al sol y da origen a las demás formas de energía de la Tierra. Barletta indicó que Mendoza es una de las zonas con mayor radiación solar.
Es así como desde la UNCUYO se realizan programas de experimentación con energías renovables; por ejemplo, un secadero de cinco frutas que funciona con la radiación solar, experiencia realizada en convenio con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y con productores del sur y del Valle de Uco.
Otra ventaja es la generación de electricidad mediante paneles fotovoltaicos, que se ubican en los techos de las construcciones. Según el secretario del IDE, hay una falacia muy popular que asegura que con paneles solares se ahorra hasta el 80 % del consumo de gas tradicional. “Estamos hablando de ese porcentaje de ahorro al comparar lo que demandaría usar el calefón para calentar el agua para bañarnos, no del total de energía gastada en el día o el mes”, aclaró Barletta.
Aprovechar residuos
La materia orgánica también es fuente indiscutida en el campo de las tecnologías renovables. La energía de biomasa procede del aprovechamiento de restos de alimentos y/o residuos de la cosecha, que pueden dar origen a un combustible que no genera contaminación. Es que los aceites vegetales y las grasas animales componen el 15 % de la fórmula del biodiésel, carburante utilizado en maquinarias y tractores con motores de combustión interna.
Uno de sus mayores beneficios está en la fase final de su proceso químico, más precisamente en su residuo: la glicerina. “Esta sustancia puede ser aplicada para combatir las heladas en el agro”, detalló Barletta, y agregó que evita la nociva quema de cubiertas, por ejemplo. En este aspecto, existe un proyecto entre la Facultad de Ciencias Agrarias, el Instituto de Energía y una empresa privada para construir una planta piloto donde se experimentará con glicerina.
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