Si analizamos el recorrido histórico de la Humanidad, observaremos que han estado presentes comportamientos relacionados con el abuso y sometimiento de otras personas, con el abandono, la descalificación, la marginación y la violación, entre otros. Pero también siempre presentes comportamientos referidos a la protección, la reparación, la solidaridad.
Aun con todos los logros y retrocesos, podemos considerar que hemos avanzado. Muy lentamente hemos desarrollado conciencia social y hemos logrado instalar derechos y principios de justicia. A esta altura sabemos que los cambios son posibles si se intentan por un doble camino: el del compromiso auténtico de gobiernos y líderes y el del sostén en la cotidianeidad, en el compromiso de los pequeños espacios; es en el hacer diario donde construimos identidad. Así, la violencia no es un agente externo que simplemente se nos impone: por el contrario, surge de la convivencia, es emergente de nuestro estilo de vida.
Un tema como el de la violencia social, justamente, se reconstruye en todos los momentos de participación social y, resulte claro o no, siempre estamos en espacios de participación social. En la Universidad hay mucho para hacer, sobre todo en lo cotidiano. No solo nos importa el saber disciplinar, no solo el lograr especialistas idóneos, sino también poder llegar a las personas que aprenden para replicar valores y formas de comportamiento valoradas en el marco de la sociedad. La Universidad es una entidad privilegiada para esto.
Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto de la violencia como problema social giran en torno a importantes decisiones e implementaciones desde las políticas públicas y sociales, y también al apoyo a la maternidad y paternidad. Apuntan a lo nacional e internacional, así como a la convivencia familiar y grupal. Se construye desde lo macro y también desde lo cercano.
Nuestra Universidad reconoce estas recomendaciones, por eso asume la responsabilidad social en cuanto al diagnóstico y análisis de los sucesos y sus causas, junto a propuestas de abordaje. Su objetivo principal es formar profesionales, es decir, formar recurso humano para conducir e intervenir en la sociedad. Por ello debe adelantarse y dar respuestas. Dos componentes que no deben desligarse entre sí resultan claves para la formación en la Universidad: producción de conocimiento junto a conciencia social.
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Magíster Claudia Zozaya. Licenciada en Psicología. Especialista en promoción y educación para la salud. Profesora Asociada de Psicología Educacional, Facultad de Educación Elemental y Especial. Profesora de Psicología del Desarrollo, Facultad de Artes y Diseño.
Referencias:
Organización Mundial de la Salud 2002, Ginebra, Suiza.