Como cada jueves, ellas se ponen sus pañuelos blancos en la cabeza y salen de sus casas. Van llegando de a una, o dos, se juntan todas en el espacio público que lleva el nombre del libertador. Y cuando el reloj da las 11 de la mañana, empiezan a caminar alrededor de la plaza. El contador se inició allá por el año 1975, tristemente, jueves a jueves se computaba un día más reclamando justicia. Al principio el lema era: “Con vida se los llevaron, con vida los queremos de vuelta”, hoy el grito es “30 mil compañeros desaparecidos, presentes, ahora y siempre”.
Primero solas, luego acompañadas; las madres ya han dejado un sendero alrededor de la plaza. “No queremos venganza, queremos justicia”, “queremos que nos digan dónde han dejado los cuerpos de nuestros seres queridos”, “juicio y castigo”.
Hace casi tres años esos gritos empezaron a ser escuchados. Hoy, las 1800 vueltas las encuentra con el tercer juicio en la provincia por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar.
Ellas, altivas, fuertes y organizadas son las guardianas de la memoria, de aquellos que perdieron la vida, que fueron asesinados por buscar, y hacer, un mundo mejor.