La semana pasada transcurrió con el Gobierno nacional tratando de mostrarse como la contracara de la imagen de José López, el secretario de Obras Públicas del exministro Julio De Vido en la cartera de Planificación, pescado in fraganti cuando pretendía esconder casi 9 millones de dólares en un convento del corazón de la provincia de Buenos Aires.
Por un lado, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, estuvo en Mendoza y anunció la concreción de obras de infraestructura y de viviendas. En ese momento el funcionario señaló que la obra pública debía dejar de ser sinónimo de corrupción, en alusión a López.
Luego, el sábado 25 por la mañana se inauguraron siete kilómetros de la Ruta Nacional 188, que une Malargüe con General Alvear.
Se trata de una obra emblemática para la región pero postergada por años. De acuerdo con los registros de Vialidad Nacional, el proyecto costaba 50 millones de pesos. Lo llamativo es que la obra de este tramo de la ruta que, aunque no está asfaltada, le cambiará la vida a los lugareños y les ahorrará 100 kilómetros de recorrido, tuvo un costo de 1,5 millones de pesos, o sea, menos del 2 % de la estimación oficial.
En realidad, se trató de una gestión mancomunada entre los municipios beneficiados –Malargüe y Alvear– que aportaron el combustible para las máquinas; el personal y la maquinaria fueron "prestados" por Vialidad Nacional de San Luis y hubo un gran empuje del grupo histórico de vecinos alvearenses que desde hace 40 años reclamaban por la realización de la obra. Pero no deja de ser un caso que se transformará en un ejemplo para el organismo nacional y la reestructuración que se aplicó desde la llegada del nuevo Gobierno.