El 10 de diciembre de 1983, miles de argentinos se reunían en el exterior del Congreso de la Nación para celebrar la asunción del presidente Raúl Alfonsín y el retorno a la democracia. Apenas cinco días después, el nuevo jefe de Estado creaba la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que tuvo la enorme responsabilidad de destapar los sucesos del Proceso. El informe “Nunca más” sería la pieza fundamental del Juicio a las Juntas de 1985.
Personalidades respetadas y destacadas de distintas áreas del conocimiento recorrieron el país durante 280 días para escuchar testimonios de sobrevivientes, de familiares y de represores sobre la última dictadura cívico-militar (1976-1983), mientras recorrían los centros clandestinos donde miles de personas fueron torturadas y asesinadas.
El informe, que fue entregado el 20 de septiembre de 1984, demostró por primera vez el carácter sistemático y masivo de la represión militar entre 1976 y 1983. Las pruebas determinaron una lista parcial de 8960 personas desaparecidas, junto a la verificación de 340 centros clandestinos de detención en todo el país.
A través de un prólogo y seis capítulos, el documento aborda detalles de las torturas, las desapariciones, los secuestros y los homicidios perpetuados por el gobierno militar. Además, presenta definiciones sobre los procesos perpetuados en los centros clandestinos, las tácticas y los instrumentos utilizados. Incluso, hay un apartado que analiza el rol del Poder Judicial durante el régimen autoritario.
El equipo del Nunca más estuvo presidido por Ernesto Sábato, reconocido escritor y físico progresista, quien dirigió a otros nombres de peso, como René Favoloro, Ricardo Colombres, Magdalena Ruiz Guiñazú, Hilario Fernández Long, el obispo de Neuquén Jaime de Nevares, Carlos T. Gattinoni, Marshall T. Meyer, Eduardo Rabossi, Hugo Diógenes Piucill, Santiago Marcelino López y Gregorio Klimovsky. Además, contó con la colaboración de los secretarios Graciela Fernández Meijide, Daniel Salvador, Raúl Peneón, Alberto Mansur, Leopoldo Silgueira y Agustin Altamiranda.