Por Rodrigo Olmedo, secretario de Bienestar Universitario de la UNCUYO
Los millennials son hoy la mayor población en el mercado de trabajo. Convivimos con esta generación a la que le cabe, al igual que a las nuestras, estigmas y generalidades sobre su forma de acción y participación. Uno de estos encasillamientos está vinculado con la relación que tienen con el trabajo y desde dónde se posicionan, bajo el prejuicio de que no se comprometen o están desmotivados.
Es oportuno revisar el contexto para comprender los desafíos que afrontan al momento de su desarrollo laboral y profesional. La permanente rotación y poca fidelidad en el empleo no implica necesariamente falta de compromiso y responsabilidad. Cambia la lógica, se modifica el paradigma y, en este nuevo escenario, enmarcado por cambios abruptos, crisis recurrentes y un entorno complejo, se prioriza la empleabilidad que se alcanza por la posesión de competencias o nuevas habilidades.
Estas les permiten una mayor rotación de un empleo a otro sin grandes crisis. No es su principal objetivo mantenerse en un puesto aparentemente estable, ya que muchos de estos jóvenes vivieron y fueron testigos de cómo, en la década del 90, sus padres perdían sus trabajos como consecuencia de los grandes procesos de ajuste y privatización, luego de haberse desempeñado durante 20 años o más en el Estado o en una empresa.
Asimilarse en un contexto altamente cambiante requiere una capacidad de resiliencia innata en los millennials y una ventaja competitiva en relación con otras generaciones. Para ellos, la formación para el trabajo va acompañada de una capacidad de adaptación a los cambios que resulta ventajosa, en la que el foco está puesto en adquirir competencias que se complementen con las tradicionales para adaptarse a los requerimientos de nuevas fuentes de trabajo.
Esta generación ha nacido de la mano de la tecnología y las redes. Nadie les enseña cómo usarlas, no hay tiempos de capacitación, es su propio espacio de comunicación y desarrollo, y lo aprovechan.
En esto, la Universidad, como usina de conocimiento, debe estar atenta a las nuevas demandas de saberes y adaptarse para ser atractiva a los requerimientos formativos de las nuevas generaciones. Ya no alcanza con un modelo tradicional, segmentado y atomizado de carreras. Por el contrario, es prioritario analizar nuevas formas de organización, nuevas disciplinas interrelacionadas y con miradas complejas sobre la realidad que nos circunda.