Argentina cuenta con dos órbitas geoestacionarias (72° y 81° longitud Oeste) para colocar satélites de telecomunicaciones. Estas son asignadas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), un organismo de las Naciones Unidas cuyo fin es regular las telecomunicaciones mundiales. Debido a su gran demanda mundial, se hace necesario ocupar y explotar los espacios satelitales de forma constante. Así nació la historia argentina en materia satelital.
Con el objetivo de no perder las órbitas geoestacionarias asignadas a la República Argentina, en la década de 1990 el Estado Nacional firmó un contrato con la empresa privada Nahuelsat SA, encargada de poner en órbita y operar el satélite de comunicaciones Nahuel -1. Debido al incumplimiento por parte de la compañía en lo referente a la ocupación de la posición 81 y a la falta de reemplazo de Nahuel -1 en el final de su vida útil, se decidió la creación de la empresa estatal ARSAT.
ARSAT (Empresa Argentina de Soluciones Satelitales SA) vio la luz en abril de 2006 con la misión de desarrollar el Sistema Satelital Geoestacionario Argentino. Esto implicó el diseño, la construcción, el lanzamiento y la puesta en órbita de los primeros satélites nacionales de esta clase (Arsat 1 y 2), a la vez que contempló la comercialización de los servicios brindados por los mismos. “Arsat 1, Arsat 2 y ojalá, Arsat 3 en el futuro, fueron la posibilidad de iniciar el desarrollo de satélites de comunicaciones de altísima complejidad en Argentina y por una empresa nacional”, sentenció Pablo Costanzo Caso, director de la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones del Instituto Balseiro.
Los satélites argentinos son la cara visible de una importante etapa de desarrollos en materia espacial y no sólo tienen implicancias en materia de telecomunicaciones, sino también en los aspectos social, económico y técnico. Según Roberto Costantini, docente de la citada carrera del Instituto Balseiro, como sistemas de comunicación, permiten difundir contenidos y dar acceso de comunicaciones a zonas a las que no llegan otros medios. En materia económica, el especialista refierió que la existencia de estos satélites “posiciona a Argentina como proveedor de servicios a otros países de la región, con buenas posibilidades de exportar ingeniería para proyectos de telecomunicaciones”.
Un capítulo importante es el referente a los avances en la formación de recursos humanos y capacidades técnicas. Tal como lo expresó Costanzo en referencia al campo satelital: “La inversión inicial sirvió para desarrollar el conocimiento o 'know how'. Esto implicó capacitar y formar los recursos humanos, entender cómo generar tecnología con mucho valor agregado y demostrar que se puede responder con hechos y desarrollos concretos por parte de técnicos, profesionales y científicos argentinos, a las demandas del futuro”.
En cuanto al futuro, el especialista planteó y reflexionó sobre la necesidad de que el desarrollo de satélites de comunicaciones sea una política de Estado y que la empresa estatal INVAP (una sociedad del Estado creada en la década del 70 a partir de un convenio firmado entre la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina (CNEA) y el Gobierno de la Provincia de Río Negro) se consolide a nivel internacional como proveedor en el rubro satelital y comunicaciones, de manera que pueda ofrecer este servicio a otros países y así exportar tecnología y valor agregado.