La horticultura tiene que seguir el ejemplo de la vitivinicultura. Así como hace 30 años los consumidores tomaban vinos tintos o blancos y después de un trabajo intenso hoy piden un Malbec, o un Cabernet de tal o cual zona, del mismo modo el sector hortícola debe iniciar un proceso para enseñar a los consumidores que no todas las verduras son iguales, sino que hay variedades que aportan más beneficios a la salud. Esto se suma a la necesidad de incrementar el consumo, porque los argentinos no comemos ni la mitad de la porción de verduras y frutas diarias recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El planteo lo hizo una autoridad en la materia, el ingeniero agrónomo Claudio Galmarini, profesor de la cátedra de Horticultura y Floricultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO, investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del CCT Conicet Mendoza y quien hace unos días fue designado como uno de los dos nuevos miembros de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, junto a Rubén Bottini, profesor de la misma facultad.
Galmarini, quien recibió a Unidiversidad en el inmenso predio del Instituto de Horticultura, que depende de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO, aseguró que el sector hortícola local y nacional está frente a un gran desafío y a una enorme oportunidad. Su razonamiento fue que los argentinos estamos muy lejos de consumir la porción de hortalizas recomendada por la OSM, que es de 400 gramos por día y por persona, ya que sólo llegamos a 120 y en los mejores pronósticos a 170 gramos.
El ingeniero resaltó que esta deficiencia en el consumo de hortalizas es una oportunidad tanto para los productores, para que aumenten la superficie cultivada y su rendimiento, así como para los habitantes, ya que son muchos los beneficios que el consumo de hortalizas acarrea para la salud.
Galmarini dijo que está probado que el consumo de hortalizas en las dosis adecuadas previene la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles que son la primera causa de muerte en el mundo, entre ellas las cardiovasculares, la diabetes y los accidentes cerebrovasculares. Además de ser esencial para prevenir y mejorar lo que la OMS ya caratuló como una verdadera epidemia de obesidad mundial, que afecta a todos los grupos etarios, pero que preocupa especialmente en niños, niñas y adolescentes.
Los saberes de la abuela, con base científica
Justamente, en la relación entre el consumo de las hortalizas y los beneficios que tiene para la salud, es en la línea de investigación en la que trabaja desde hace quince años Galmarini, junto a muchos profesionales y a investigadores del INTA y el Conicet. El profesor explicó que realizan un trabajo conjunto entre las facultades de Ciencias Agrarias y Ciencias Médicas: en la primera seleccionan las mejores variedades de cada producto, es decir las que mejor se adaptan al clima, las que no se enferman y las que aportan mejores nutrientes al organismo; en la segunda hacen pruebas de laboratorio para comprobar los beneficios de comer esa variedad y para que exista un fundamento científico, más allá de los saberes que se transmiten de generación en generación.
En esas investigaciones, que están en marcha, no sólo prueban qué variedad de hortaliza es mejor consumir, sino cuál es el mejor modo de hacerlo: algunas concentran más su aporte nutricional si se consumen crudas, mientras en otros casos es mejor que estén cocidas.
Beneficios de incorporar fitoquímicos a la dieta
Los compuestos bioactivos producidos por las plantas son muy provechosos, en especial para pacientes con enfermedades neurogenerativas.