Los niños que experimentan emociones positivas (como la alegría, la serenidad, la gratitud, la autoestima y la satisfacción) muestran mayor respeto por los demás; mayor cooperación, valoración personal, seguridad en sí mismos; mayor autocontrol y capacidad de disfrutar.
En la actualidad, la escuela enfrenta nuevos y grandes desafíos para crear ambientes positivos de aprendizaje. Los episodios recurrentes de agresividad, falta de respeto, indiferencia y apatía de los alumnos desafían a los docentes a utilizar estrategias integrales que estimulen el aprendizaje y el desarrollo de las competencias afectivas y sociales. Por otro lado, existe un creciente interés por el análisis de las políticas educativas en relación con el desarrollo socio-afectivo de los alumnos y los procesos de convivencia en la escuela. Sin embargo, en Argentina no abundan las instancias de formación docente ni materiales de lectura que aporten herramientas concretas para llevar a cabo esta labor.
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